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21/09/2021
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Columnistas invitados/Guest columnists

LA OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD

Hay algunas preguntas que todo cubano de la isla debería hacerse, por ejemplo: ¿por qué tanta insistencia en las marchas del pueblo combatiente, en los desfiles del 1ro de mayo y del 26 de julio, en las tribunas abiertas…? ¿Por qué tantos “trabajos voluntarios” y sábados de la defensa? ¿Por qué tantos actos y firmas de reafirmación revolucionaria? ¿Por qué tanto empeño en llenar las cuadras con letreros y consignas “revolucionarias”? ¿Cómo es posible que una persona vestida de civil llegue a una casa y diga que alguien tiene que acompañarlo, sin una orden de detención, y tanto la persona como la familia consientan en hacerlo? ¿Cómo es posible que lleguen a una casa a llevarse a un adolescente de 17 años para que salga a la calle a golpear a su propio pueblo y nadie se plante y diga que el chico no se va? ¿Cómo es posible que dos policías escuálidos estén golpeando a una persona indefensa y haya un círculo de hombres hechos y derechos que lo único que hacen es gritar improperios y filmar con su móvil, pero no se atreven a defender al que está siendo reprimido?

En 1963, Stanley Milgram, psicólogo de la universidad de Yale, publicó un experimento sobre la disposición de las personas para obedecer órdenes de una autoridad a pesar de que estas órdenes estaban en conflicto con su conciencia personal. Milgram pidió voluntarios para un supuesto experimento sobre el estudio de la memoria y el aprendizaje. Los participantes fueron personas entre 20 y 50 años de edad, de todo tipo de educación, desde estudiantes hasta personas con doctorados. En el experimento, el voluntario debía hacer preguntas a otra persona que se encontraba en una habitación contigua atado a una especie de silla eléctrica y conectado a unos electrodos. Si la persona se equivocaba en la respuesta, el voluntario tenía que apretar una palanca que daba al otro una descarga eléctrica.

En la medida en que las respuestas erróneas aumentaban, aumentaba la intensidad de las descargas eléctricas hasta niveles que podían ser letales. Lo que no sabía el voluntario era que, en realidad, la otra persona era un actor que no recibía ninguna descarga eléctrica pero que fingía recibirlas. Antes de comenzar, el voluntario era llevado a la habitación donde estaba el otro supuesto voluntario, para que viera cómo estaba sujetado a la silla y conectado a los electrodos, y se le hacía sentir una pequeña descarga eléctrica para darle verosimilitud al experimento. En el cubículo desde donde se hacían las preguntas, junto al voluntario se situaba el investigador, con bata blanca de laboratorio. A los participantes se les comunicaba que el experimento estaba siendo grabado, para que supieran que no podrían negar posteriormente lo ocurrido. Evidentemente, el que respondía las preguntas se equivocaba a propósito, con lo cual el sujeto que estaba junto al investigador tenía que ir aumentando la intensidad de las descargas eléctricas.

En la medida en que el nivel de descargas eléctricas aumentaba, la persona que supuestamente las recibía empezaba a golpear el vidrio que separaba las dos habitaciones y se quejaba con frases como: “déjeme salir”, “no tiene derecho a retenerme”, “estoy enfermo del corazón”. Más adelante, aullaba de dolor, pedía el fin del experimento y gritaba de agonía. Si el voluntario expresaba al investigador su deseo de no continuar, este le respondía de modo imperativo frases como: “continúe, por favor”, “el experimento requiere que usted continúe”, “es absolutamente esencial que usted continúe”, “usted no tiene opción alguna, debe continuar”. Si después de esta última frase el voluntario se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que se hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas. Para sorpresa del propio Milgram, la mayoría de los participantes continuaron dando descargas a pesar de las súplicas del actor para que no lo hicieran, y ninguno se levantó para ayudarlo sin pedir permiso al examinador.

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Perú, otra vuelta de tuerca.

Cuando aprecio la inclinación del electorado por elegir gobernantes sin historial partidario, individuos que pudieran identificarse como ajenos al sistema político tradicional o abiertamente antisistema, tiendo a pensar que esos sufragistas están jugando con un fuego particularmente peligroso que los puede conducir a no elegir más, sino simplemente a refrendar la voluntad de los autócratas.

No es que los políticos tradicionales hayan actuado bien, al contrario, considero que tienen una gran responsabilidad en las frustraciones de los votantes, pero sí se aprecia en ese sector una mayor comprensión de las diferencias, más tolerancia y una inclinación a la alternabilidad, lo que falta a los “exploradores políticos” que ven el gobierno, el poder, como un trofeo personal, y no consideran que fueron electos como representantes de la sociedad, sino como cazadores exitosos de una presa que resultó ser más fácil de lo que imaginaban.

Recuerdo que en la Cuba de los 60, incluso en el presidio político, se denostaba de la política, decir en aquellos predios de que te gustaba la política era incurrir en herejía porque paradójicamente, para muchos de los encerrados, lo correcto era expresar que eras revolucionario, similar al lenguaje oficial del régimen. La política era ampliamente rechazada por un sector de la sociedad cubana. Las experiencias de muchas personas en ese campo habían sido negativas y es que no puede negarse que es una actividad en la que un pillo puede prosperar rápidamente, mucho los han hecho, si acceden a un electorado ingenuo e incapaz de defender sus prerrogativas.

Sin embargo, tengo la convicción que la maldad de estos políticos empalidece ante la disposición de los depredadores del populismo por cambiar el mundo y transformarlo en estrecho y propio, contrario a lo que pregonaba el peruano Ciro Alegría. Escribo esto pensando en Perú y en su flamante presidente Pedro Castillo. Tengo el criterio de que el pueblo peruano eligió su peor futuro, ojalá me equivoque. Todo parece indicar que tomaron la ruta en la que los electores no vuelven a errar porque a partir de ahora es probable que solo haya votaciones.

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Díaz-Canel, de reunión en reunión

No cabe esperar demasiado de los encuentros de los jerarcas castristas con diferentes grupos de ciudadanos.

Este miércoles, el mandamás cubano, Miguel Díaz-Canel, se reunió en la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) “con investigadores, profesores y estudiantes vinculados a la Economía”. Según el tweet del sitio oficial de la Presidencia, se trata del “primero de varios encuentros que sucederán esta semana con varios sectores del país”.

Y, en efecto, el jueves —informa la versión digital del periodiquito oficial Granma— “desde horas tempranas de la mañana”, el mismo mayimbe “intercambió… con un centenar de jóvenes en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana”. A esto siguió un tweet del propio jerarca con un penetrante regusto a demagogia: “A nuestros jóvenes hay que escucharlos como las más importantes personas que son”.

Resulta evidente que se desea proyectar una imagen de receptividad y tolerancia. Pero no cabe dudar de una obviedad: se trata de una imagen engañosa, falsa. Por lo demás, no parece que sea mucho lo que corresponda esperar de esos encuentros a la comunista. Y esto, ante todo, por la forma en que ellos son organizados y las características del personal participante. Se trata de personas cuidadosamente escogidas y filtradas por los mismos con los que se van a entrevistar. Y por supuesto que se selecciona a quienes se han significado por su apoyo incondicional al régimen y por su renuencia a hablar alto y claro.

En ese enrarecido contexto, es natural que menudeen las medias tintas y los eufemismos. Como el que, según Juventud Rebelde, empleó Carola Salas, flamante directora del Centro de Investigación de la Economía Internacional de la Universidad de La Habana. Con respecto a la inversión extranjera, la señora empleó una frase digna de figurar en una antología: “continúa siendo una oportunidad que no se ha aprovechado totalmente”. ¡Emplear esos términos para referirse a las posibilidades de financiamiento externo que el régimen castrista, con su torpe inmovilismo, desperdicia de manera aún más criminal que estúpida! ¡Y eso en Cuba, que de no ser por esas autoridades ineptas, sería —y de lejos— la receptora de las más cuantiosas y enriquecedoras inversiones foráneas en toda el área del Caribe!

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¿QUE ESTÁ PASANDO EN CUBA?

Tras 62 años de vivir en una dictadura, la juventud cubana salió el domingo 11 de julio a las calles en 14 regiones de Cuba para protestar pacíficamente por la economía, la escasez de medicamentos, la respuesta a la pandemia del COVID-19 y las duras restricciones a la libertad de expresión y de reunión.

Las demandas de los cubanos son variadas: que se terminen las largas filas para conseguir alimentos y medicamentos debido al desabastecimiento de bienes básicos, que se acelere el plan de vacunación contra el COVID-19 ante un aumento en los contagios y que se ponga fin a los intermitentes cortes de energía que sufre la isla.

Durante seis décadas en Cuba no existe oposición, por la fuerza, ni de partidos políticos, ni sindicatos, tampoco tienen derechos a la prensa libre, ni a organización de la sociedad civil, en conclusión, han sido más de 60 años viviendo en una dictadura.

Una serie de protestas sin precedentes con gritos de "¡libertad!" y "¡abajo la dictadura!" estallaron el pasado domingo en Cuba. Una tercera generación ha tomado la palabra, ahora con el lema de ¡Libertad y Vida!

La primera protesta surgió en la ciudad de San Antonio de los Baños, cerca de La Habana. Los manifestantes publicaron videos en Facebook Live, incluyendo videos cortos que muestran a las fuerzas de seguridad intentando dispersar las protestas. Fue entonces cuando estallaron las manifestaciones en todo el país. El pueblo cubano, que en su mayoría está obligado a ser apolítico, al parecer decidió sumarse a las protestas contra el gobierno.

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Los derechos humanos y el compromiso cristiano.

En el marco del pensamiento occidental, llamamos “derecho humano” a lo que cada hombre tiene por el mero hecho de ser persona. O sea, que todo individuo tiene una dignidad intrínseca (un valor que le es propio) que engendra unos derechos que no pueden ser quitados sin que el propio ser humano quede degradado en su calidad de persona.

Ya desde el tercer milenio antes de Cristo, las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia reconocían en sus códigos legales el derecho a emplear la fuerza cuando se utilizaba para salvaguardar los derechos de los pobres, de los débiles, de los desposeídos.

Más adelante, entre el 800 y el 200 a.C., en diferentes lugares del mundo y desde diversas culturas (Confucio, Lao Tse, Buda, Zaratustra, los profetas de Israel o los filósofos griegos) se reconoce a la persona como un ser libre, dueño de su destino, si bien son proclamaciones que se insertan en un contexto social que aceptaba la esclavitud y donde solamente una minoría era considerada como sujeto de derechos.

Es el cristianismo el que va a reconocer la dignidad de todas las personas, creadas por Dios “a su imagen y semejanza” y que tendrá una influencia determinante en la génesis de un nuevo humanismo, a pesar de los errores y de las veces en que los hechos no han acompañado a las palabras.

¿Qué papel tiene la Iglesia en la defensa de los derechos humanos? El compromiso de la Iglesia en la defensa de los derechos humanos es una exigencia directa del Evangelio, por su mensaje de justicia y fraternidad. La Iglesia considera que debe existir una unidad entre las leyes de la sociedad y los valores morales (todo lo que conduce al bien).

Esto significa que las leyes deben ser expresión de la defensa del bien. Si no lo son, dichas leyes se invalidan en sí mismas, aunque hayan sido promulgadas por institucioneslegítimas. Y ante leyes que van en contra del bien común, el ciudadano no sólo no tiene el deber deacatarlas sino que está moralmente obligado a desobedecerlas.

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