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Andanada represiva sin racionalidad

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¿Qué objetivo busca la actual andanada represiva? Por más esfuerzo analítico y político que se realice, es imposible responder a esa pregunta.

Examinemos los objetivos de esa represión, y aunque desde el punto de vista moral y político todos son repudiables, ninguno es racional en términos de un proyecto autoritario, como es el caso de Ortega. Ortega nos tenía acostumbrados a “alzar la parada”, presionar y avanzar a base de empujones, y después negociar, pero nunca volver al punto de partida. Así fue en los años 80 y también posteriormente.

Cuando perdió el gobierno en 1990, la presión y el chantaje le permitió intentar “gobernar desde abajo”, y aunque en medio de dificultades se abrió camino una precaria transición democrática. Y cuando Ortega regresó al gobierno en 2007, también recurrió a la presión, chantaje y represión, y cuando era el caso tejía alianzas a su favor, con frecuencia con los mismos a los que presionaba, reprimía y chantajeaba. Pero algo había de racionalidad en sus propósitos, para afianzarse políticamente.

En cuanto al modelo económico, Ortega tuvo dos momentos. Antes del fin de la Guerra Fría, cuando todavía existía la Unión Soviética (URSS), y había un conflicto antagónico entre comunismo y capitalismo, se inclinó a Cuba y la Unión Soviética. Cuando a finales de los 80 se derribó el Muro de Berlín y desapareció la URSS y sus aliados, a regañadientes Ortega aceptó la universalización de la economía de mercado o capitalismo, y empezó a jugar ese juego. Lo mismo hizo desde el gobierno, para consolidar su relación con el sector privado y de paso afianzarse políticamente, y a esos objetivos respondía su racionalidad política.

Finalmente, universalizada la economía de mercado, solamente existen dos regímenes políticos: autoritarismos y democracias. Los regímenes democráticos tienen diversos tonos. Y lo mismo ocurre con los regímenes autoritarios, desde extremos personalistas como Vladimir Putin en Rusia, o el caso de China y Vietnam con férreo control de partido único. Ambos regímenes políticos conviven con el capitalismo, y esa fue la racionalidad política de Ortega al insertarse en el autoritarismo, mientras respetaba al capitalismo. Pero, ¿a qué lógica corresponde la ruptura y desprecio con la comunidad internacional?

Esos países tienen gran incidencia en los organismos financieros internacionales, que desde la masacre de 2018 no hacen préstamos a Nicaragua, salvo con motivo de la pandemia y los huracanes. Además de las sanciones de gobiernos, como ha sido publicado, que amenaza dificultades económicas y financieras, de las cuales el país y ninguna institución, ni privada ni pública, escapará. ¿A qué lógica corresponde encarcelar a precandidatos presidenciales -Cristiana, Félix, Arturo y Juan Sebastián- y otros dirigentes políticos opositores, “lo cual pone en duda la legitimidad de las elecciones de noviembre”, como dice la reciente resolución de la OEA? Además, con solamente dos países que apoyaron al gobierno de Ortega, esa resolución decidió “Condenar inequívocamente el arresto, acoso y restricciones” a esos precandidatos y pedir su inmediata liberación y “de todos los presos políticos”.

¿A qué lógica responde el encarcelamiento y congelamiento de cuentas bancarias con restricciones migratorias, de dirigentes y miembros del sector privado? Las leyes que se han aplicado para las prisiones y otras restricciones de esas personas del sector privado, los precandidatos presidenciales, otros dirigentes opositores y presos políticos, además de violar derechos fundamentales, como el habeas corpus, se oponen explícitamente a numerosos tratados y convenios internacionales, con lo cual aumentará el aislamiento internacional de Nicaragua.

La única conclusión es que nos gobierna la irracionalidad.

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