Menu
21/09/2021
A+ A A-

La propiedad privada, un camino hacia la libertad personal y social.

          La propiedad privada, un camino hacia la libertad personal y social.

                                                              

                         Apuntes sobre Doctrina Social de la Iglesia (9).

Ya sabemos que “bien común” significa la capacidad de pensar más allá de las propias necesidades, y que la búsqueda de este bien para todos compete al Estado pero también a los individuos concretos, que a través de la gestión de la propiedad privada, pueden convertirse en protagonistas del bien social. ¿Cómo funciona este protagonismo, que no es opuesto a la función del Estado sino su mejor complemento?

                                               La propiedad privada como instrumento de la participación popular.

Cuando las personas concretas que forman el pueblo controlan bienes y servicios, se empoderan de la gestión efectiva del bien común, y se hacen responsables de aportar algo útil para todos. Por eso decimos que la propiedad privada es lo que permite que los individuos participen como protagonistas en su propio desarrollo. ¿Qué entendemos por “participación”? Participación es la posibilidad de las personas de intervenir estrechamente en los procesos que afectan sus vidas: la economía, la política, la cultura y la vida social.

Económicamente significa poder dedicarse libremente a cualquier actividad de este tipo, siendo empresarios o trabajadores autónomos. Social y culturalmente significa la libertad de intervenir plenamente en todas las esferas de la vida comunitaria (educación, entretenimiento –arte, deporte y eventos culturales-, medios de comunicación, espiritualidad, gestión del medio ambiente...). Políticamente significa la posibilidad de ser miembro de una organización, un sindicato o del partido político de su preferencia, así como de elegir y cambiar el gobierno a todos los niveles, desde el presidente hasta el representante municipal.

Sólo cuando las personas singulares gestionan bienes y servicios, tanto los individuos como los grupos particulares están en condiciones de ser tenidos en cuenta y pueden disponer de acceso real a las decisiones públicas y al poder. Todas estas formas de participación están íntimamente vinculadas entre sí. Si no existe una de ellas, las demás serán incompletas y, por ende, menos efectivas. El criterio de discernimiento de toda propuesta de participación es: ¿aumenta o disminuye la capacidad de la gente para autogestionar sus vidas?, ¿contribuye al progreso de los individuos o lo frena?

Dice Juan Pablo II en Sollicitudo rei socialis: “De la propiedad deriva para el sujeto poseedor, sea este un individuo o una comunidad, una serie de ventajas objetivas: mejores condiciones de vida, seguridad para el futuro, mayores oportunidades de elección”. Obstáculos a la participación. En ningún país están abiertas gratuitamente las vías de acceso popular al poder político y económico, pues en todas partes exiten intereses creados que dificultan la participación del pueblo en la vida pública. En este sentido, los obstáculos más frecuentes son:

- El establecimiento de leyes arbitrarias y caprichosas que favorecen a aquellos que tienen influencia política y poder económico, generando en el fondo desigualdades ante la ley.

- Limitaciones burocráticas consistentes en innumerables reglamentaciones y controles que exigen todo género de permisos, incluso para la iniciativa empresarial más modesta.

- La distribución desigual de los recursos, es decir, el que personas y grupos no tengan la misma capacidad de acceso a los recursos necesarios, lo cual genera diferencias significativas entre las personas.

No reconocer la propiedad privada como un derecho significa limitar de modo grave la creatividad y el desarrollo de las potencialidades personales de los individuos, generando un desinterés social que frena el desarrollo y alimenta disgusto y agresividad, y que muchas veces degenera en actitudes indolentes y escapistas. Indolentes, porque, cuando nada es de nadie, a nadie le duele el descuido de la propiedad; y escapista, porque cuando la persona se siente sin participación en el desarrollo de su sociedad, pierde el interés por ser parte del destino de su nación. Preguntas para dialogar: - Hemos dicho que “participación” es poder intervenir estrechamente en los procesos que afectan nuestra vida: la economía, la política, la cultura y la vida social.

Teniendo en cuenta la situación real de Cuba,

-¿en qué modos YA podemos intervenir en estas áreas?

-¿Qué podemos hacer para ser cada vez más “tenidos en cuenta” por los órganos de dirección de la sociedad en nuestro país?

-¿En qué áreas podemos YA ir teniendo un mayor control de nuestras vidas?