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21/09/2021
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¿El Gobierno cubano tendrá que vender sus hoteles algún día?

“A quiénes y cuándo podrán rentarse las miles de habitaciones aún en construcción en los polos turísticos es cada día más incierto.”

En los primeros cuatro meses de 2021 ―temporada alta del turismo―, Cuba recibió 64 712 vacacionistas extranjeros, equivalentes al 6% de los 983 099 que arribaron en el mismo período de 2020, y al 3,4% de los 1,9 millones que viajaron a la Isla en 2019, en ese mismo lapso de tiempo, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). No obstante, la construcción de los hoteles y tiendas de lujo del Grupo Gaviota próximos a la privilegiada costanera de 3ra y 70, en Miramar, no se detuvo.

Las inmensas grúas que operaban en la torre principal del complejo solo dejaron de moverse a mediados de 2020 por un brote de COVID-19 entre los trabajadores, cubanos e indios contratados por la Empresa Inmobiliaria Almest del conglomerado militar GAESA, en colaboración con la empresa francesa Bouygues Constructions. Enfrente del complejo en construcción, un mercado en Moneda Libremente Convertible (MLC) se desmorona por la desidia de los dirigentes cubanos y el desprecio a las multitudes que se agolpan en colas, angustiadas durante horas o días según las ofertas de productos. Esto parece el presagio de un futuro muy neoliberal, contrario al discurso histórico de los máximos directivos de la Isla. Décadas atrás, el Mercado de 3ra y 70 fue el primero que vendió en dólares, y luego en Moneda Libremente Convertible.

A quiénes y cuándo podrán rentarse las miles de habitaciones de hoteles aún en construcción en los polos turísticos es cada día más incierto. No obstante, las empresas tienen que procurar honrar sus compromisos constructivos y, sobre todo, los pagos a los prestamistas. Una cantidad imprevisible de años tendrán que pasar para amortizar los gastos. En ese tiempo, quizás los cubanos coleros ya no estén en el país, o hayan dejado incontables deudas a sus vástagos. Las afectaciones por la pérdida del naciente mercado de Estados Unidos y la crisis mundial del turismo debido a la pandemia de COVID-19 destaparon la falta de previsión e incompetencia de quienes apostaron los pocos recursos de la nación a la llamada locomotora de la economía cubana.

Los dirigentes de la Isla pusieron todos los huevos en esa canasta, mientras las industrias tradicionales cada día se volvían más obsoletas, se desmontaban los centrales azucareros, y el gobierno perdía a su mecenas desde la primera década de este siglo: Venezuela. En ese contexto, la venta de hoteles y otras instalaciones turísticas a acaudalados extranjeros posiblemente fue prevista por los impulsores del desaforado auge constructivo de hoteles, lo cual justificarán llegado el momento como una solución inevitable.

El país continuaría creciendo en habitaciones con la construcción de hoteles, expresó Manuel Marrero, entonces Ministro de Turismo, en una de las sesiones de la Asamblea Nacional, de acuerdo con el reporte del diario oficialista Granma, en julio de 2019. En ese entonces el propósito gubernamental era sobrepasar los 5 millones de visitantes internacionales, pero solo se alcanzó la cifra de 4 275 558, para un decrecimiento del 9,3%, o sea, 436 352 viajeros menos que en 2018. El turismo había sido la segunda fuente de ingreso neto en divisas de Cuba, por detrás de la venta de servicios profesionales al exterior, médicos fundamentalmente, y las remesas.

En marzo de 2020 llegó la COVID-19 a la Isla y, desde abril, se cerró la entrada a territorio nacional. A mediados de octubre, se abrió el turismo internacional en los cayos y Varadero. El Gobierno se empeñó en la promoción de nuevos mercados, sobre todo el ruso. También se permitió la llegada de cubanos varados en otros países y luego de visitantes, así como los viajes de ida y regreso de nacionales a Rusia con el propósito de traer mercancía deficitaria acá para comercializar subrepticiamente.

Cuando los contagios de COVID-19 se dispararon, las autoridades publicaron que se atribuía al incumplimiento de los protocolos de aislamiento para los viajeros cubanos, que debían permanecer en sus lugares de alojamiento hasta que el PCR realizado a su llegada diera negativo. Hubo muchas quejas por la demora de la comunicación del resultado, mientras el Gobierno también aducía indisciplina de los viajeros y las personas que los alojaban. Desde noviembre de 2020 se incrementaron los casos de COVID-19, con un rebrote sostenido por todo el país y la presencia de varias cepas, entre ellas la delta proveniente de la India, de rápido avance hacia la gravedad y de mayor letalidad, según las autoridades médicas cubanas. Los casos originados por personas procedentes de Rusia prevalecen, aunque los turistas deben estar aislados en los cayos y Varadero.

A partir del 20 de junio, se establecieron nuevos requisitos para viajeros residentes o no en el territorio nacional. La obligatoriedad de presentar un PCR negativo realizado antes de las 72 horas de entrada al país se mantiene. Además, se suspendieron las reservaciones en instalaciones turísticas ya realizadas por los nacionales residentes permanentes desde el 1 de julio. Así, el auge del turismo se aleja según rebrota el coronavirus.